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Asombroso.

 

 

 La historia de Claude Bloodgood.

 

      

      La historia comienza con un rápido vistazo a la lista de los 50 mejores jugadores estadounidenses de ajedrez que se publica en abril de 1996. En el noveno puesto, situado entre el gran maestro internacional Alex Yermolinsky y su colega Joel Benjamín, figuraba el nombre de un perfecto desconocido, carente de título alguno. Dos meses más tarde, arañó algunos puntos suplementarios y, en agosto, siguiendo con su irresistible ascensión, este desconocido alcanzó la sorprendente marca de 2.702 puntos, lo que le situaba en la segunda posición de la clasificación americana, por detrás del joven prodigio Gata Karrisky. La federación de Estados  Unidos consideró entonces prudente excluir a este meteorito humano de la clasificación hasta que no se llevara a cabo una investigación sobre sus resultados. Por que, y esto es aún más increíble, este jugador tan misterioso como activo; sólo en 1995 jugó unas 1 .700 partidas, es decir, más de cuatro al día; no salía de su domicilio de Virginia desde 1970...

 

¿Quién es Claude Bloodgood?

 

Una charla en el penal. A finales del verano, los campos de maíz hacen invisible desde la carretera el centro penitenciario de Powhatan. Los edificios bajos entre bosques de alambrada electrificada. En uno de ellos se encuentra la enfermería de la prisión. Un altavoz da la bienvenida a los visitantes. Tras asegurarse de que no lle vamos armas, las puertas se abren accionadas por un mando a distancia. Claude Bloodgood vive ahí, detrás de esos muros, desde hace 30 años. Los guardias, en un gesto de simpatía, le apodan «Blocid», que significa sangre en inglés. Fue condenado a muerte por asesinato. Es un hombre sentenciado a jugar al ajedrez de por vida. Espera solo en una habitación de 2 metros por 3, un locutorio de lujo iluminado con lámparas fluorescentes. Claude Bloodgood

 

Afirma estar enfermo de cáncer de pulmón, afectado de insuficiencia respiratoria crónica. Calvo, de edad indeterminada, parece un viejo prematuro, acurrucado en una silla de ruedas que no mueve con las manos, sino con los pies. Según uno de los guardias, puede levantarse y dar algunos pasos, pero si caminase durante un rato se agotaría. Tose y expectora. En cuanto se empieza a encontrar mal, se enchufa a la botella de oxígeno que siempre le acompaña. Vestido con el uniforme naranja de los presos, aplasta una bolsa de basura de plástico negro en la que va tirando trozos de papel higiénico llenos de flemas y sangre. Estas son las únicas interrupciones en la conversación, que más bien parece un largo monólogo. A Claude Bloodgood es imposible hacerle callar mientras relata una vida llena de picaresca, la historia de uno de los jugadores de ajedrez más extraños M siglo XX.

 

Su historia. “Nací en México el 14 de julio, el día de la toma de la Bastilla, de 1924.Mis padres, Klaus Bluttgutt y Anya Oldenburg, eran alemanes. Cuando tenía siete años, mi padre me llevó con él a Estados Unidos y mí madre regresó a Alemania. Durante otros siete años recorrimos el país trabajando en el campo, sin pasar nunca un mes seguido en el mismo lugar. Durante esa época, mi padre, que trabajaba para el Abwehr, el servicio de información alemán, americanizó nuestros nombres y se casó con la que sería mi madrastra, Margaret Bloodgood. La víspera de la guerra, estábamos en Norfoik, Virginia, donde se ubicaba el cuartel general de la Flota atlántica americana. En 1938, con 14 años, mi padre me envió a Alemania para ingresar en la Academia de la Marina, sobre todo porque hablaba

inglés, aunque por aquel tiempo, los alemanes no imaginaban que Estados Unidos fuera a tomar parte en la guerra”

      Claude Bloodgood sostiene que allí aprendió de nuevo la lengua de sus padres y fue entrenado en técnicas de supervivencia en un ambiente hostil. Afirma también que, de adolescente jugaba al ajedrez desde los cinco o seis años; llamó la atención de algunos de los dignatarios nazis más importantes, curiosos por desafiar el talento de este joven prodigio: Pese a que el viejo recluso ya no hable de las celebridades con las que antaño compartió tablero, deja caer un nombre: Romrne1

 

Doble vida. Como jugador de ajedrez se defendía bien, pero además era un espía en ciernes. Pero, ¿cuál era su misión? «La idea principal consistía en utilizarme como mensajero entre Alemania y mi padre, y también como traductor, ya que comprendía las singularidades del inglés americano. Así que viajaba con frecuencia en submarino de Alemania a Estados Unidos. Le llevaba dinero a mi padre y le planteaba las preguntas que los alemanes querían saber. Durante la guerra, mi padre era inspector de seguridad de la Marina en una base militar. La tapadera perfecta para alguien que trabajaba en los servicios de información.» Para aquellos escépticos que duden de que los famosos submarinos alemanes podían arribar al otro lado del Atlántico, Claude Bloodgood, siempre armado de argumentos, recuerda un episodio de la guerra poco conocido, la operación Pastorius. En junio de 1942, dos equipos de saboteadores germanos cruzaron el océano en sumergible y desembarcaron con total tranquilidad. Dos hombres de este comando se entregaron enseguida al FBI, lo que dio al traste con la operación, pero la anécdota demuestra que la costa estadounidense era un destino fácil para los submarinos enemigos. Claude Bloodgood cuenta que, acabada la guerra, continuó subsistiendo en  Estados Unidos a base de trabajillos para los que no necesitaba ningún título.“Intenté resolver el tema de mi educación y quise completarla al ingresar en el cuerpo de marines en  l 954. Aprobé los exámenes de nivel bachiller y luego universitario en el Instituto americano  de las Fuerzas

Armadas En 1955, fui herido en el pie, y  mientras estaba convaleciente en un hospital militar californiano, un día  apareció Humphrey Bogart con otros dos s actores en la sala en la que jugaba a ajedrez. Me observó  durante un momento y se dio cuenta de que jugaba por dinero. Me dedicó una gran sonrisa y me preguntó si quería jugar con él por una pequeña cantidad. Bogart estaba muy orgulloso de su habilidad en el ajedrez, y además había sabido sobrevivir durante la Depresión. Después de algunas partidas rápidas, tipo Blitz krieg (guerra relámpago), me dio su número de teléfono y me pidió que le llamara cuando tuviera permiso. Y eso hice. Jugamos en una villa al borde del Pacífico”

 

En el año 1955 Claude Bloodgoo abandonó el Ejército asegura haber seguido viviendo un tiempo en California, en parte gracias al ajedrez. Su centro  de operaciones era el Hoollywood House of Pancakes o el Copper Kattle, dos      cafés de Hoollywood donde no era nada raro ver aparecer, sobre la una o las dos  de la madrugada, a grandes estrellas de cine ávidas por satisfacer a cambio de unos pocos dólares su pasión por los 64 escaques.

 

Los años 60 son borrosos. Claude Bloodgood dice haberse casado tres veces, una con la estrella Kathryn Grayson, que anuló el enlace al enterarse de que su esposo había estado en la cárcel. El ajedrecista ya había tenido sus primeros problemas con la justicia, sobre todo por robo:

“Lo hacía para comer. Siempre he hecho un poco lo que he querido con la ley. Como durante mi juventud deambulé sin identidad, no conseguía instalarme y decidirme a encontrar un buen trabajo. Vivía entre dos mundos” explica Bloodgood.

 

El sospechoso número uno. Cuando su padre muere, en 1968, tan sólo le deja cien dólares como herencia, pese a que Claude Bloodgood está  convencido de que todavía existe un botín de guerra. Tras una oscura historia de falsificación de la firma de Margaret Bloodgood en un cheque, la denuncia que ésta interpuso le volvió a enviar detrás de los barrotes. El 10 de noviembre de 1969, salió de prisión. El 19, Margaret Bloodgood desapareció de su casa de Norfolk. El 23, se descubrió su cuerpo envuelto en una manta cerca de una carretera secundaria. Había sido salvajemente golpeada y estrangulada. Claude Bloodgood era el sospechoso número uno. Después de dos meses de largas pesquisas por parte de la policía y el FBI, fue detenido. El 19 de junio de 1970, terminó su proceso en los tribunales. La acusación consiguió un testimonio definitivo en el último  momento, Claude Bloodgood lo negaba todo una y otra vez, pero se enredó en distintas versiones. Finalmente llega el fatal veredicto: es condenado a morir en la silla eléctrica.

 

Permanecí dos años en el corredor de la muerte, hasta que la Corte Suprema de Estados Unidos suspendió la condena en 1975. Me conmutaron la pena de muerte por cadena perpetua. Cambiaron seis veces la fecha de mi ejecución. Una vez, se decidió en unas pocas horas. Si quiere saber lo que  es la tensión, ahí hay muchísima. Mientras esperaba en el corredor de la  muerte, un periodista de Brítish Chess Magazine publicó que se me podía enviar libros o jugar conmigo por correspondencia. Recibí sacos repletos de cartas. Hasta en la prisión Bloodgood siguió siendo una pequeña estrella de¡ ajedrez. Por su talento y su conducta ejemplar le autorizaron en varias ocasiones salir y participar en campeonatos; esto le permitió  evadirse en 1974, aprovechando la incompetencia del guardia que le acompañaba a un torneo. Después de tres semanas fugado, fue detenido. Esta huida puso fin a las actividades en el exterior de los presos en Estados Unidos, e interrumpió por un tiempo las partidas ajedrecísticas de Claude Bloodgood, que no volvió a tocar un peón entre 1975 y 1992. Quizá porque  sabía que el ajedrez, que consideraba «una manera de traspasar las  barreras sociales», ya no le ayudaría a cruzar la alambrada electrificada.

 

      En 1992, se creó en el centro penitenciario de Powhatan un club oficial de  ajedrez. Claude Bloodgood ganó al resto de los presos y jugó todo lo que podía. Aprovechándose involuntariamente de un fallo en el sistema de cálculo empleado por la Federación estadounidense de ajedrez para establecer su clasificación, acumuló puntos y se convirtió en un personaje famoso al otro lado de los muros de la penitenciaría. Nace entonces la leyenda de recluso prodigioso, pero puede que sea una leyenda patética.

 

Claude Bloodgood sólo tiene una preocupación, que no se le crea, y una obsesión, que se comprueben sus afirmaciones. de acuerdo con los informes    desclasificados del F131 que hemos conseguido, Claude Bloodgood nació en el año 1937 y no en 1924. Cuando Rommel murió, él tenía siete años. Margaret Bloodgood era su madre, no su madrastra. Durante el juicio, el  fiscal le preguntó si se consideraba una persona persuasiva, a lo que Bloodgood contestó: «Soy un mentiroso muy convincente, si eso es lo que quiere oír. Más tarde, su propio abogado le describió como un perfecto mitómano.

 

Partidas a distancia. Hoy, Claude Bloodgood, con tres libros sobre ajedrez publicados, sólo juega por correo. «Sin el ajedrez, me volvería loco. Actualmente, juego contra 129 personas en todo el mundo, lo que significa que, a dos partidas por persona, mantengo algo más de 250 duelos abiertos.» Dos de ellos son contra el autor de estas líneas. Teniendo en  cuenta la débil salud de Claude Bloodgood y la lentitud con la que viaja el correo, es poco probable que llegue a acabar todas sus partidas.

 

Mas datos y partidas de  Claude Bloodgood en:

 

http://www.google.com.mx/search?q=claude+bloodgood&hl=es&lr=&ie=UTF-8&oe=UTF-8&start=10&sa=N

 

 

http://translate.google.com/translate?hl=es&sl=en&u=http://www.chessgames.com/perl/chessplayer%3Fpid%3D72632&prev=/search%3Fq%3Dclaude%2Bbloodgood%26hl%3Des%26lr%3D%26ie%3DUTF-8%26oe%3DUTF-8%26sa%3DG

 

 

http://www.google.com.mx/search?q=claude+bloodgood&hl=es&lr=&ie=UTF-8&oe=UTF-8&start=10&sa=N

 

 

 

 

La pequeña “Savia

 

 

 

Llamada ovalada: Conozco un mitómano en San Luis
sin la inteligencia de Claude.
frog1.gif, 121 KB

 

 

                                                                    

 

 

 

Llamada de nube: Hija de tigresa pintita.